La música imita directamente los estados del alma.
Aristóteles.
Entonces… ¡ah! Disculpen primero explico de que se trata, ya estoy leyendo sus pensamientos de qué cuernos va a hablar.
Es sencillo, es bailar en rueda o bailar dibujando líneas en los cuatro frentes. Hasta acá nada original me dirán, pues tampoco esperen una clase de baile en un escrito. Quien quiera probar que tome clases de baile de salón. Obvio, tiene que ser de estilo americano sino se perderán la rueda y la línea.
Entonces empecé a escuchar esa música que llaman country. Sí, esa, esa de las películas de cowboy de los años 30. Y comenzó la rueda. Piso fuerte, patadita, triple al costado, piso fuerte, patadita, triples adelante izquierda, derecha, para atrás, para el costado y cambio de pareja en la rueda. Me reí mucho, todo muy divertido pero mi mente empezó a funcionar. Lo primero que pensé es cómo había crecido. A los veinte años leía a Mao Tse Tung y jamás me hubiese permitido este desliz pues me la pasaba de peña en peña. Volví a reírme de mi misma mientras divertidos en la rueda de vaqueros americanos pasábamos de uno a otro entre patada y patada. Mientras sonaba la música del campo americano caían frases a mi cerebro del Martín Fierro al compás de la vigüela.
¡Teléfono! ¡Puede ser que siempre suene el teléfono cuando estoy inspirada! El problema no es el teléfono sino que me hizo ver que tengo ropa por toda la casa, hay más cosas fuera del placard que dentro pero yo necesito escribir; por consiguiente sigo…
Súbitamente empecé a darme cuenta que las historias del norte y del sur de esta Gran América son diferentes, desde el Norte viene la risa, el paso fácil de un campesino feliz de llegar a nuevas tierras. Entre ingleses y especialmente escoceses e irlandeses se trajeron en la maleta de la inmigración su música “la country” aunque también la llaman “Folk” y si buscan un poco más le pueden decir “música hillbillu”. Con cuádriceps agotados se hizo una paradita en la rueda para esperar la línea. Alguien nombró a su novio cubano y eso me hizo recordar que esta música se masificó gracias a la radio pero que se mantuvo exclusiva de la etnia blanca. Muy pocos afro-americanos tocan o escuchan música country. Pongo muy pocos porque para aseverarlo debería investigar pero mis imágenes son de vaqueros con sus chicas todos muy blanquitos.
Iniciamos la línea, los pasos muy sencillos siempre con pataditas y triples, las manos en la cintura por delante, aunque yo imaginaba un hombre de bigotes blancos de puntas amarillentas del tabaco de su cigarro grande. Ese hombre de panza redonda que en el país de la estatua de La Libertad son considerados poco cultos… hombres rudos y poco educados diría cualquier neoyorquino o bostoniano. Sin embargo estos hombres tienen ganada una batalla. Las estaciones de radio meridionales pronto aprendieron que sus audiencias sureñas preferían escuchar a los ejecutantes locales que jugaban sus propias melodías. La memoria estaba activada y mientras girábamos los frentes, trataba de captar entre giro y giro nuestras diferencias. Entonces sorprendí al gaucho que tiraba patadas más parecidas al malambo argentino.
Esperé tres cuartos de frente para volver a observarlo y recordar que nuestras patadas son de hombres que compiten entre ellos con la destreza de su danza. Es que el malambo no es cualquier zapateo español que acompaña movimientos de brazos y manos… En este, el gaucho hace una serie de pequeños movimientos solo con los pies, al que técnicamente le llaman mudanzas. Cierren los ojos e imaginen el cuadrado delimitado por velas, hombres de botas, espuelas y cuchillos que se concentran solo en sus pies para no apagarlas, se crean dificultades entre ellos, se hacen apuestas y hay un juez que decide un ganador. ¡Todo un acto de pasión y dolor!
De este ensueño me sacó la maestra diciendo las palabras claves. Ella dijo: no hay contraposición como en los otros bailes…
Y yo me dije; esta es la llave para entender la gran diferencia entre nosotros, los llamados latinos y ellos, los yanquis. Los que están pensado que deliro, piensen en la definición de la palabra Contraposición: oposición de una cosa con otra, comparación de una cosa con otra contraria.
Con esta turbulencia en mi corazón, no podía dejar de comparar el Folk con el amor entregado de esa rumba latina, o un cha cha complejo en ritmo sensual o ese mambo caribeño que siempre me huele a mares de color esmeralda.
¿No entendieron? La contraposición de sus ideas dificultaba mucho la colaboración. Sigan pensando mientras les termino de contar…
Antes del Embrujo Colombiano del final de fiesta, regresé al Siglo XXI donde el baile del granero está primero en las listas de popularidad de cualquier país, con artistas que han vendido hasta 60 millones de copias. Esta, la danza del vaquero gastado sin marca conocida, sombrero de paja, botas de barro y olorcito a estiércol de vaca se convirtió en poco menos de un siglo en un baile de elite de finos sombreros de marca. ¿Ya descubrieron por qué?
Los gringos, en su baile más popular no oponen, colaboran, van todos hacia el mismo lado impelidos por la potencia de un ritmo contagioso, de pasos fáciles, energía alegre y que cualquiera puede ejecutar en RUEDA o en LÍNEA.

No comments:
Post a Comment